El hombre civilizado ha pasado por tres grandes revoluciones.
La revolución agrícola, la industrial, y ahora, la tecnológica.
En la nueva era de la comunicación global, vendría el final de la historia, cuando las clases medias, tanto pequeñas y medianas empresas, como trabajadores, dominasen el mundo por medio del voto y del consumo.
Nuevos líderes, no políticos, sino líderes de opinión, filósofos, publicistas, y comunicadores, decidirían junto con el pueblo, a quien votar, qué votar, y que consumir.
Políticos y grandes empresas, expuestos a la opinión común.
Porque los poderosos, nos gobiernan desde la política, y no desde la ética que nos venden.
Esto es lógico, pero hipócrita.
Pero la ética que nos han estado vendiendo se ha extendido tanto entre la conciencia de los pueblos, que ahora los políticos se ven obligados a respetarla cada vez más.
Es cierto que en la actualidad, los dos imperios, el decadente, y el ascendente quieren ser amigos. Su guerra no es fría: es comercial.
El imperio decadente, poder hegemónico de libre mercado, de racionalidad, de carácter hipercompetitivo, y de ética mesiánica protestante, ha sobrevivido a ataques religiosos, científicos, económicos y políticos, pero no sobrevivirá a la nueva conciencia social que ellos mismos han creado, la demanda de justicia social que se propaga por la red como un virus.
El imperio ascendente, teme redistribuir su riqueza, para no dejar de crecer, crecimiento que le lleva a ser el gran banco mundial del resto de países, expandir su financiación a grandes proyectos económicos, a que sus empresas se expandan por todo el mundo, aunque la gran tajada de sus negocios, el mayor porcentaje de su valor agregado, se lo sigue llevando el imperio decadente.
Los países emergentes, no imitan a los países ricos, y crecen a grandes y frenéticos ritmos, sin construir una clase media, de trabajadores y pequeñas y medianas empresas, que redistribuya la riqueza de modo natural.
El crecimiento económico, requiere además de garantías a la propiedad privada, de apertura al comercio internacional, de regulaciones limitadas y sensatas, de estímulos a la educación, y de un gobierno razonablemente honesto, requiere, además, de una clase media de empresarios y trabajadores, fuerte, muy fuerte, que junto con el comercio internacional y el turismo, promueva la paz entre los pueblos.
Algunas izquierdas no quieren reconocer que los pequeños y medianos empresarios son unos trabajadores más.
Algunas derechas, no quieren reconocer que los trabajadores deben tener derechos de clase media.
Y en los países ricos, disminuye el bienestar social, y las grande empresas se financian en bolsas internacionales, no pagan impuestos en paraísos fiscales, redistribuyen sus ganancias por donde les place, por medio de participaciones de participaciones en filiales extranjeras, deciden que productos colocar, y en qué mercados y a qué precio, sus ganancias no disminuyen durante las crisis, y el pueblo, mientras, eso sí, pierde su empleo, y a la pequeña empresa no se le concede ni un pequeño crédito para exportar.
Sylodium crea su red de comunicación para las clases medias, para trabajadores internacionales, profesionales, y pequeños y medianos empresarios que exportan e importan sus bienes y servicios.
El mercado es el mundo.
Las relaciones serán cada vez más entre ciudades, y no entre países
Y Sylodium crea su red de relaciones en los cruces de las ciudades.
En la red mundial de Sylodium, cualquiera puede anunciarse al resto del mundo gratuitamente.
Sylodium ambiciona extenderse en la red, no enriquecerse. Y pretende, en el corto plazo, abarcar el cruce de todas las ciudades y pueblos del mundo.
Para que todas las ciudades puedan cruzarse con todas, comunicarse unas con otras.
El usuario de Sylodium, es la clase media, pequeñas y medianas empresas de comercio exterior y turismo, profesionales de servicios internacionales, y trabajadores de todo el mundo, porque la gran empresa no necesita de una comunicación que ellos ya tienen establecida internamente.
El usuario, es la clase media, pero el dinero de Sylodium, provendrá de la publicidad de la empresa fuerte, cuando la página sea visitada, ese es, empresarialmente, su público objetivo, la gran empresa.
Sylodium tiene una visión mítica, crítica, y utópica del mundo.
Sylodium apuesta por un final feliz de la historia, donde reine el bienestar social, y las clases medias mantengan el poder limitante del voto y el consumo.
Aunque no habrá fina feliz, si el petróleo se acaba antes de que las energías alternativas estén preparadas para suministrar trabajo a la creciente población.
Los países ricos, parecen aprovechar el cambio climático o geológico, para ralentizar el crecimiento de los países emergentes, y de paso venderles la última tecnología de esas energías alternativas, tan necesarias, en todo caso, por la escasez del petróleo.
Quizás alcancemos un crecimiento sostenible.
Aunque la realidad actual es otra bien distinta.
Los países pobres, a duras penas salen de la pobreza, y luchan por ser también países emergentes, pero los otros países, ricos y emergentes, no les dejan, porque les exigen libre mercado para introducir sus productos, y luego les limitan las exportaciones agrícolas con altos aranceles, para proteger sus propios sectores agrícolas, los de los ricos y emergentes.
Pero todo esto cambiaría, hacia un final feliz, si la revolución tecnológica, la informática, lograra una optimización de asignación de recursos ( cruce de ciudades), y una comunicación global de conocimiento ( redes sociales), y no sólo de información, que permitiera decidir a los pueblos, qué políticos (de entre los no corruptos) y que empresas ( de entre las más sociales) sobreviven, para imponerse a la injusticia dominante.
En el norte de África ya no toleran más corrupción.
Pero la corrupción está extendida por todo el mundo.
Cabe esperar muchas más revoluciones, la mayoría de ellas, y también por medio de la comunicación global, pacíficas.
La revolución tecnológica, pende de una revolución de las clases medias.
Donde el conocimiento también sea accesible para el débil y el pobre.
Actualmente el conocimiento importante también se nos oculta por medio de una ciencia divulgativa y propagandística, que no es verificable, ni siquiera falsable, y donde se nos cuenta el origen de los dinosaurios o el origen del universo, se nos habla de extraterrestres, y del genoma humano, como si en ello nos fuera la vida, sin explicarnos que la ciencia genética no es un milagro sino un mero cortar y pegar, y que el genoma sólo da cuenta de la secuencia y no de la estructura y verdadero comportamiento de los genes, y se nos oculta que en la ciencia apenas queda ya pensamiento racional porque todo es nanotecnología, fármacos, y empresa, que cada ciencia va por su lado, basada en pequeñas franjas de verdad, y volcada en proyectos tecnológico empresariales, sin dejar resquicios para nuevos paradigmas científicos, que dan cuenta de una realidad común en la materia y la vida, una coevolución donde las propias leyes se transforman, y en donde desde el caos domiante, emerge un orden en continua transformación y equilibrio, para coevolucionar todo, materia y vida, como predestinado para el dominio de la naturaleza por parte del hombre, en un continuo milagro, que no hay ciencia que pueda explicar.
La manipulación y el control de los gobiernos nos dominan.
Y la desigualdad impera en todos los países, también en los ricos.
Pero la desigualdad es consustancial al hombre.
Más allá del cerebro y el lenguaje (pensamiento- pensar es hablarse a uno mismo-) y de las manos y el trabajo, el hombre es voluntad y pasión.
Las diferencias entre unos y otros, son evidentes, pero no son, sólo genéticas.
Si naces a un primitivo en una familia rica, el primitivo acabará siendo abogado o astronauta, si naces al niño rico, en una sociedad primitiva, el niño rico acabará siendo un primitivo.
La individualidad protestante no es sincera.
La salvación terrenal, no es individual y competitiva, sino social y cooperativa, aunque claro está, siempre en lucha y competencia con otros.
La desigualdad es inherente en el hombre, pero su causa fundamental es social.
Por eso los gobiernos están obligados a redistribuir, porque es injusto que el pobre sea pobre, y no es culpable, sino víctima de sus circunstancias.
Sylodium también, a pesar de su escaso poder inicial, redistribuye con sus trabajadores.
Pero, Sylodium no es una empresa caritativa, sino que es una empresa con voluntad de poder, sin victimismo ante los grandes, y solidaria con sus trabajadores, frente a la competencia futura.
Sylodium ambiciona poder transmitir y manejar conocimiento e información.
Lo que actualmente es una red mundial de comercio exterior, turismo y trabajo.
Quiere ser también un Portal de conocimiento.
Donde la actualidad, las noticias, se basen en la estadística y no en la información sesgada e ideológica. Donde el conocimiento científico se divulgue no enciclopédicamente, sino sintéticamente, para que sea comprensible para todo el mundo, pero no de un modo infantil y manipulador.
Por eso Sylodium necesita que sus trabajadores sean un equipo de emprendedores, líderes de opinión, comunicadores, filósofos o publicistas, que transmitan conocimiento y realidad a la gente ( ver contrato de colaboración y participación). Y que compartan todos ellos, la misma información de la empresa.
Un equipo solidario frente a los medios de comunicación con los que pretende competir, y frente a los futuros directorios que le copiarán la idea, por fin pública, de cruzar las ciudades.